Testimonio del novicio Sebastián Esteban
«Voy a llevarla al desierto y le hablaré al corazón», dice el Señor en el libro de Oseas sobre su pueblo Israel. Pienso que mi primer año de noviciado se puede resumir con esta hermosa cita bíblica, pues ha sido un tiempo de desierto, no entendido como tiempo de dificultad y vacío, sino como lugar de diálogo amoroso y sincero, donde Dios me ha alejado de las distracciones para hablarme de tú a tú, de corazón a corazón.
Ha sido un año en el que he podido crecer en el conocimiento de mí mismo, de Dios y de la congregación, no solo a nivel teorético intelectual, sino, fundamentalmente, a nivel experiencial vivencial. Y esto último ha sido lo más bello de todo: vivir de manera más íntima mi relación con el Señor y experimentar más en profundidad la fraternidad.
Ahora, si bien estos dos elementos han sido los que más he desarrollado durante el año, también he tenido la oportunidad de ejercer mi apostolado en diversas instancias: en el contacto con la comunidad de la capilla, campamentos, retiros y reuniones de JUVI, el acolitado en misas con jóvenes y actividades vocacionales. Todas estas experiencias me han servido, por una parte, como complemento de mi formación y, por otra, como luces que me han ayudado a discernir lo que el Señor quiere y espera de mí. En definitiva, ha sido un año de enriquecimiento, donde he gustado del Señor en cada momento, tanto en los de dulce silencio, como en los de compartir comunitario y servicio apostólico.
Cuando pienso en mi vocación y mi proyección personal hacia el futuro, se me vienen a la mente estas palabras del Padre Querbes: «Felices y contentos, desde hoy deberemos pensar más en corresponder dignamente a nuestra hermosa vocación». Por ello, en el inicio de este segundo año de noviciado, le pido al Señor la gracia de seguir profundizando en mi discernimiento, con auténtica apertura y generosidad, para poder descubrir lo que Él tiene planeado para mi vida y responder conforme a su voluntad.