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Cambiar Juntos es posible

La Iglesia universal está de lleno enfocada en la preparación al sínodo sobre la
sinodalidad. La sinodalidad no es un concepto nuevo, aunque se viene hablando de ella de
forma más sistemática y frecuente desde el inicio del pontificado del Papa Francisco. Entre los
años 2014-2017, la comisión teológica internacional fue desarrollando una serie de discusiones
en torno a esta realidad, de las cuales surgió un documento llamado "¿o sinodalidad en la vida
y en la misión de la Iglesia", publicado el 2 de marzo de 2018.

Este documento señala que el trasfondo de este proceso se ubica en la línea del
paradigma presentado en Aparecida: la conversión misionera, la alegría del Evangelio y el
anuncio de la ternura misericordiosa de Dios; todo ello en vista a una doble reforma eclesial:
una reforma del espíritu de la Iglesia y de la propia institución. Se pone el acento, sobre todo,
en la vuelta a lo esencial, un "retorno al Evangelio" y no tanto en ciertos valores específicos,
que, siendo importantes, podrían oscurecer el núcleo de la experiencia de amor que abre el
corazón a Dios de las personas, particularmente de los más necesitados.

Hoy se aprecia la necesidad de hacer trasformaciones en un cierto tipo de estructura
eclesial que es resabio de las monarquías del siglo XVIII. El cardenal norteamericano nombrado
por Juan Pablo II, Avery Dulles (2002), indicaba que "Las actuales estructuras de la Iglesia,
especialmente en el catolicismo romano>, tienen una impronta muy fuerte de las pasadas
estructuras sociales de la sociedad europea occidental”.

No es fácil separar lo que representa una forma histórica variable de un valor teológico
permanente. Es frecuente observar en algunos personeros eclesiásticos fabricar una
argumentación teológica para fundamentar una inmovilidad a ciertas maneras de ejercer la
autoridad y el gobierno; argumentos que están inspirados, no tanto en la tradición evangélica,
sino en antiguos sistemas organizativos y políticos que permanentemente se han ido
transformando en el devenir de la historia.

“Ciertamente, el término sinodalidad es un concepto abstracto y plurívoco, que no se
encuentra explícitamente en la doctrina conciliar; si bien la celebración misma del Vaticano II
significó la recuperación de la concilioridad o sinodalidad esencial de la Iglesia. Por tanto, esta
noción se sitúa en el núcleo de la obra de renovación promovida por el Concilio” (Madrigal,
2019). Así lo expresa también Rugigieri (2017) que "el redescubrimiento de una Iglesia sinodal
(...) constituye uno de los efectos principales y visibles del Concilio Vaticano II"

No podemos negar también, que esté término origina desconfianzas y dudas. ¿Será la
sinodalidad un concepto eclesial "comodín" que nos sirve para dar respuesta a todas las
problemáticas o un término talismán que transformará automáticamente al Pueblo de Dios en
nueva forma de ser Iglesia?

Si bien la sinodalidad para algunos podría ser una forma nueva, la experiencia de los
sínodos episcopales, ha impulsado la consolidación de una categoría eclesiológica clave.

Tres parecen ser los elementos que determinan la importancia del adjetivo "sinodal": la
sensibilidad democrática de los pueblos, las investigaciones histórico-teológicas y el contacto
con las otras iglesias en el diálogo ecuménico. La idea de sinodalidad contiene un simbolismo
que detalla la identidad de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino, en camino hacia el Reino,
y la llamada a vivir las exigencias del Evangelio, acentuando la común dignidad de los creyentes
y su corresponsabilidad en la misión recibida en el bautismo.

El término sínodo está compuesto por la preposición oúv, y el sustantivo ó6óq, e "indica
el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. Remite por lo tanto al Señor
Jesús que se presenta a sí mismo como «el camino, la verdad y la vida>" (Jn 14,6), y al hecho
de que los cristianos, sus seguidores, en su origen fueron llamados «los discípulos del
camino» (Cf. Hch 9, 2; 19,9.23; 24,14.22) (...) En la lengua griega utilizada en la Iglesia se aplica
a los discípulos de Jesús convocados en asamblea, y en algunos casos es sinónimo de la
comunidad eclesial. San Juan Crisóstomo escribe que Iglesia es el «nombre que indica caminar
juntos (oúvoóóc;)»" (Comisión Teológica, n. 3, 2018).

No se trata de entender la sinodalidad como un parlamentarismo eclesial, sino de
recuperar lo que históricamente han sido las asambleas, que tradicionalmente hemos llamado
concilios, y que hacen referencia a un principio fundamental de la Iglesia, a la comunión de los
creyentes y la comunión de Iglesias que se fundan en el misterio trinitario.

La sinodalidad señala el modo particular que califica la vida y la misión de la Iglesia. Debe
ser el modo de vivir y actuar: en el caminar juntos, en la celebración de la eucaristía y en la
escucha de la Palabra, en la fraternidad de la comunión y en la corresponsabilidad y la
participación de todos en la vida y misión según los distintos ministerios y roles.

En un sentido más específico, desde el punto de vista teológico y canónico, la sinodalidad
designa "las estructuras y los procesos eclesiales en los que la naturaleza sinodal de la Iglesia
se expresa de forma institucional (Sínodo diocesano, concilios particulares, conferencias
episcopales, concilio ecuménico y el Sínodo de los Obispos).

En un sentido más concreto, la sinodalidad designa "la realización puntual de los
acontecimientos sinodales", que involucran a nivel local, regional y universal a todo el Pueblo
de Dios, para discernir el camino y tomar decisiones concernientes la misión evangelizadora.
(CTn. 70, 2018)

Además del avance en la superación del clericalismo, lo que está en juego es la
incorporación del Pueblo de Dios como sujeto activo a los procesos fundamentales de decisión
dentro de la Iglesia. En la eclesiología pastoral de Francisco los procesos participativos no
atienden exclusivamente a una dimensión organizativa, sino que aspiran a relanzar el «sueño
misionero» (Madrigal, 2019)

Como una congregación y comunidad al servicio de la Iglesia, debemos acoger la
invitación del Papa Francisco a promover la sinodalidad a todos los niveles, renovando la
conciencia de lo que significa ser Iglesia y de lo que está llamada a ser en medio del mundo;
sabemos que es una oportunidad para convertirnos hacia formas de proceder más evangélicas,
dinámicas relaciónales más humanizantes y orientaciones pastorales que respondan a las
necesidades y problemáticas del hombre de hoy.

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