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Los jóvenes caminan delante de nosotros

Ha terminado el sínodo sobre los jóvenes en Roma y todos los artículos periodísticos en general hablan muy positivamente de este acontecimiento. Aunque siempre después de un sínodo se espera el documento conclusivo, y valorando la necesidad de estudiar este texto, se ha insistido en que la mayor riqueza ha estado en la escucha y diálogo entre todos los participantes, y el método y estilo utilizados durante este encuentro.

            La metodología utilizada se inició con la publicación, en enero de 2017, del instrumentum laboris y de un cuestionario, que se pedía fuera contestado y trabajado por la mayor cantidad de jóvenes y de agentes pastorales. Este es el estilo sinodal que el papa Francisco ha querido impulsar en toda la Iglesia. Desea el Papa que se extienda una forma de ser y trabajar juntos, jóvenes y adultos, a través de la escucha y el discernimiento, para lograr visiones, criterios y propuestas que respondan a la realidad.         

            La presencia estimulante de los jóvenes, con sus contribuciones y sus historias, y la realidad multifacética de las nuevas generaciones, desde diversas situaciones humanas y culturales, han calado hondo en el sínodo. Para el Papa Francisco el mayor regalo ha sido ser capaces de reunir voces y rostros de las realidades más variadas y así poder intentar una interpretación que tenga en cuenta la riqueza y complejidad de los fenómenos, siempre a la luz del Evangelio.  

            Me atrevo a decir que muchas veces los jóvenes captan de mejor manera que los adultos lo que pasa en la Iglesia y en la sociedad. Ellos van más adelantados, no por ser rebeldes, sino porque su deseo y su energía buscan la transformación de estructuras caducas y poco significativas para dar respuesta a los problemas de hoy.

            A los jóvenes hay que acompañarles y, por otro lado, dejarlos marchar hacia adelante. El problema es que nosotros caminemos a un paso tan lento, que ningún transporte nos posibilite alcanzarlos y volver a caminar con ellos.

           

            A continuación, les expongo los temas principales del sínodo de jóvenes:

 

Una Iglesia más santa: “Los jóvenes han pedido en voz alta una Iglesia auténtica, luminosa, transparente, alegre: sólo una Iglesia de santos puede estar a la altura de tales peticiones. Muchos de ellos la han dejado porque no han encontrado santidad en ella, sino mediocridad, presunción, división y corrupción. Desgraciadamente el mundo está indignado por los abusos de algunas personas de la Iglesia”. (166)

 

Una marcada distancia entre la Iglesia y los jóvenes: “El Sínodo es consciente de que un número consistente de jóvenes, por las razones más diferentes, no piden nada a la Iglesia porque no la consideran significativa para su existencia. Algunos, es más, piden expresamente ser dejados en paz, puesto que sienten su presencia como algo fastidioso e incluso irritante. Tal petición a menudo no nace de un desprecio acrítico e impulsivo, pero sus raíces se hunden en razones serias y respetables: los escándalos sexuales y económicos; la poca preparación de los ministros ordenados que no saben acoger adecuadamente la sensibilidad de los jóvenes; la poca preparación de la homilía y de la presentación de la Palabra de Dios; el papel pasivo encomendado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; la fatiga de la Iglesia a la hora de dar razón sobre las propias posiciones doctrinales y éticas frente a la sociedad contemporánea”. (55)

 

La experiencia de la sinodalidad: “En este Sínodo hemos experimentado que la corresponsabilidad vivida con los jóvenes cristianos es una fuente de profunda alegría también para los obispos. Reconocemos en esta experiencia un fruto del Espíritu que renueva continuamente a la Iglesia y la llama a practicar la sinodalidad como una forma de ser y actuar...” (119)

 

Fomentar la participación de los jóvenes. “Los jóvenes son protagonistas de muchas actividades en la Iglesia, en la que generosamente ofrecen su servicio, especialmente con la animación de la catequesis y la liturgia, el cuidado de los niños, voluntariados para los pobres. (...) A veces, la disponibilidad de la juventud se encuentra con un cierto autoritarismo y la desconfianza de los adultos y de los pastores que no reconocen suficientemente su creatividad, no impidiéndoles luchar por compartir responsabilidades”. (54)

 

En vez de dirigir, acompañar: “El carisma del acompañamiento espiritual, incluso en la tradición, no está necesariamente ligado al ministerio ordenado. Hoy más que nunca existe la necesidad de líderes espirituales, padres y madres con una profunda experiencia de fe y de humanidad y no sólo intelectualmente preparados. (97)

 

Enfrentar seriamente los abusos en al Iglesia: “El Señor Jesús, que nunca abandona a su Iglesia, le ofrece la fuerza y las herramientas para un nuevo camino. Confirmando la línea de acciones oportunas y sanciones necesarias (...) el Sínodo reconoce que abordar el problema del abuso en todos sus aspectos, con la inestimable ayuda de los jóvenes, en realidad puede ser una oportunidad para una reforma de envergadura histórica”. (31)

 

Mayor participación de las mujeres: “La presencia femenina en los órganos eclesiales a todos los niveles, también en funciones de responsabilidad, y la participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiásticas, respetando el papel del ministerio ordenado (...) se trata de un deber de justicia”. (148)

 

Una nueva pedagogía afectiva- sexual: “Hay que proponer a los jóvenes una antropología de la afectividad y de la sexualidad capaz de dar el justo valor a la persona, en todos los estados de la vida. Se trata de apostar por la escucha empática, el acompañamiento y el discernimiento, en la línea indicada por el reciente Magisterio. Por ello es necesario cuidar la formación de los agentes pastorales para que resulten creíbles, a partir de la maduración de las propias dimensiones afectivas y sexuales”. (149)

 

Acogida de las personas de orientación homosexual: “Ya hay muchas comunidades cristianas que acompañan el caminar en la fe de los homosexuales: el Sínodo recomienda favorecer esos lugares. De esta manera, a las personas se les ayuda a leer su propia historia; a que se adhieran a la libertad y a la responsabilidad de su llamada bautismal; reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida comunitaria; discernir las mejores maneras para lograrlo. Esto ayudará a todos los jóvenes, sin excepción, para integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, una calidad de las relaciones cada vez mayor y caminar hacia el don de sí mismo”. (150)

 

Los migrantes, faro eclesial: “Muchos padres sinodales han subrayado que los migrantes son un “paradigma” capaz de iluminar nuestro tiempo y, en particular, la situación de los jóvenes, y recordarnos la condición original de la fe, es decir, la de ser extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (25).

 

Una educación que integra a todos: “Las instituciones educativas de la Iglesia tratan de dar cabida a todos los jóvenes, independientemente de sus opciones religiosas, antecedentes culturales y las circunstancias personales, familiares o sociales. De esta manera, la Iglesia hace una contribución fundamental a la educación integral de los jóvenes en diferentes partes del mundo. Esto se logra no sólo a través de la educación en las escuelas y centros de formación profesional, colegios y universidades, sino también en los centros juveniles y oratorios; este compromiso se realiza a través de la recepción de los refugiados y las personas desplazadas y los diversos esfuerzos en el campo social”. (15)

 

Favorecer la evangelización a través de la Internet: “El Sínodo espera que la Iglesia establezca departamentos especializados para la cultura y la evangelización digital que, con la contribución esencial de los jóvenes, promuevan la acción y la reflexión eclesial en este entorno. Entre sus funciones, además de promover el intercambio y la difusión de buenas prácticas en la comunidad y a nivel personal, están las de desarrollar herramientas adecuadas para la educación digital y la evangelización y el manejo de sistemas de certificación de webs católicas, para contrarrestar la propagación de noticias falsas en relación con la Iglesia, buscando la manera de convencer a las autoridades públicas para que promuevan cada vez más estrictas políticas y herramientas para proteger a los menores en la web”. (146)

           

         Es de esperar que se atiendan las propuestas eclesiales de este sínodo y las del Papa Francisco; el proceso sinodal puede terminar en un horizonte muy frustrante para la juventud y, en particular, para los jóvenes creyentes, si en la Iglesia y en sus pastores no hay esfuerzos de conversión. Para que la Iglesia acompañe verdaderamente el discernimiento vocacional de los jóvenes es menester que se mueva hacia los márgenes de las necesidades del mundo, justo ahí donde ha sido enviada a colaborar con Jesucristo en la defensa de la dignidad del ser humano.

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