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Algunas fuentes de la espiritualidad del P. Luis Querbes

                Cada hombre es hijo de su tiempo. Nadie puede desprenderse totalmente de la influencia del contexto social, cultural y eclesial de la época en la cual le toca vivir. Una realidad que está construida por las problemáticas, necesidades y valores de las personas e instituciones. También las diversas ciencias y disciplinas van marcando las orientaciones y las acciones de los individuos. Del mismo modo, podemos, con nuestras opciones y criterios, influir en la realidad humana con la cual interactuamos cotidianamente. Con nuestra participación ciudadana y nuestro compromiso eclesial, tenemos también la capacidad de aportar constructivamente en los procesos de transformación de la realidad.

                Se aprecia en la historia de la Iglesia que los diversos modos de interpretar la Palabra y de hacer teología han ido moldeando la vivencia cristiana de los fieles que desean vivir su fe en medio de los avatares de cada tiempo histórico. Las escuelas o corrientes espirituales expresan, desde una base teológica particular, el deseo de buscar a Dios, comprender los signos de los tiempos y permitir el desarrollo integral de cada persona.

                El P. Querbes se vio influenciado por corrientes teológicas-espirituales y morales concretas. Son varias las figuras que marcaron su vida, y es necesario conocerlas para penetrar en el ser y hacer de nuestro fundador. Entre ellas podemos encontrar a San Francisco de Sales, figura preminente en la teología y espiritualidad del comienzo del siglo XVII y el cardenal Pierre de Béruell, éste último fundador de la escuela francesa de espiritualidad, junto a Jean-Jacques Olier, Charles de Condren y Juan Eudes. También se aprecia, especialmente en los sermones del fundador, la influencia de San Alfonso María de Ligorio. Por último, cabe destacar la importancia que tuvo para el P. Querbes, más en la forma que en los contenidos, los ejercicios espirituales de San Ignacio.

                En esta página quiero sólo hacer una mención a dos autores principales de la corriente espiritual francesa: San Francisco de Sales y el cardenal Pierre de Béruell.

 

                San Francisco de Sales, doctor de la Iglesia. Nació en Sales, Saboya, 21 de agosto de 1567 y murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622. Fue obispo de Ginebra. San Francisco de Asís y San Felipe Neri fueron sus ejemplos de vida. Muy comprometido con los pobres, con su estilo humilde y paciente, suscitó la conversión de muchos protestantes. Publicó numerosas obras, con un lenguaje sencillo, que cautivó a todos, ofreciendo diversos itinerarios para llegar a vivir el misterio de Dios. Destaco dos elementos de su teología espiritual:

  • La devoción. Una de sus preocupaciones fue ayudar a los fieles a alcanzar una vida de devoción. En el texto, La Introducción a una vida devota, devoción significa la magnanimidad en el amor; dicho de otro modo, una gran agilidad del alma para poder amar con frecuencia y con prontitud. Para vivir una vida cristiana se debe poseer caridad; cuando esa caridad desemboca en un "gran ardor y prontitud en llevar a cabo acciones de caridad”, se ha transformado en devoción. "La caridad y la devoción difieren una de otra no más por la llama del fuego. La caridad es el fuego espiritual y cuando irrumpe en llamas se denomina devoción" (Introducción, 1, 39-41).  

                Dice el H. Bonnafous, al referirse a los estatutos provisionales de nuestra futura congregación: “En la vida diaria, los catequistas imitan el modelo “devoto” practicado por muchos cristianos desde el siglo XVII y que trataba de reformar las costumbres con una vida ordinaria muy cristiana. Su norma de vida diaria y habitual, precisa el artículo 3 del texto sometido a la aprobación, es la de los cristianos piadosos: levantarse a una hora reglada, ejercicios religiosos, trabajo preparatorio de las clases, lecturas piadosas además de la lectura obligatoria tomada del Nuevo Testamento, de la Imitación y del Catecismo del Concilio de Trento; visitas al S. Sacramento, breve recreo que podrá consistir en un trabajo manual o en el cuidado de su ajuar, retiro de un día al mes, retiro anual, obras de caridad, buenos ejemplos, etc. “Tales son sus puntos principales[1].

 

  • La majestuosidad de Dios. Es clave para cualquier espiritualidad comprender cuál es su formulación del significado de Dios. Esto no quiere decir que los variados "nombres de Dios" se contradigan. Nuestro pensamiento finito habla a través de las particularidades de la teología y de las propias experiencias limitadas, y conceptúa e imagina a Dios, ya sea como metáfora o por medio de un concepto. Se intenta unir, dentro de sus limitaciones, los atributos infinitos de este incomprensible misterio que llamamos Dios.  Para Francisco de Sales la imagen de Dios es el de majestad divina. “¿De qué manera surge, entonces, la imagen de Dios en la Introducción? Como la majestad divina”. (Introducción I, 1, 39).  En la segunda parte del directorio, el P. Querbes resalta la dignidad con que debe ejercerse el cargo de sacristán haciendo referencia a esta imagen de Dios. “El servicio del santo altar, la majestad de Dios y el adorable sacramento requieren un profundo espíritu religioso que debe manifestarse en actitudes significativas: Los domingos os pondréis una sobrepelliz o, lo que es más cómodo, un roquete para vestir y desvestir el altar, teniendo la precaución de hacer una genuflexión siempre que paséis ante el altar del Santísimo Sacramento o una profunda inclinación de cabeza ante los demás altares[2].

 

                La segunda figura a resaltar es la del cardenal Pierre de Béruelle. Este cardenal nació en la provincia de Champagne, el 4 de febrero de 1575 y falleció en París el 2 de octubre de 1629. Desde su juventud, aún antes de ordenarse de sacerdote, se dedicó especialmente a la conversión de protestantes. En 1611, estimulado por San Francisco de Sales, fundó la Congregación del Oratorio sobre el modelo de S. Felipe Neri en Roma, destinada a la formación del clero. ¿Cuáles son los rasgos fundamentales de su espiritualidad?

 

  • La espiritualidad de Bérulle es una espiritualidad de la Palabra encarnada. Todas las investigaciones que inició llegaron a conclusiones tradicionales de ciertos rasgos tomistas: No habría existido la encarnación si la raza humana no hubiese pecado, y la encarnación podría haber sido cumplida por cualquiera de las personas de la Trinidad: "Existe sólo una persona que se encarnó, pero el Padre y el Espíritu Santo eran igualmente capaces (puissants) de lograr una similar comunicación de su subsistencia divina” (Discours I, 15). En relación al cardenal de Béruelle, afirma el H. Bonnafous: “Aunque el seminario San Ireneo estaba dirigido por sacerdotes diocesanos cuando Luis Querbes estudiaba en él, la dirección seguía siendo sulpiciana y con personas que habían estudiado en París. De ahí sin duda los tonos berullianos que afloran en ciertos pasajes de los sermones. Bérulle y sus discípulos dan un puesto preferente a la contemplación del Verbo encarnado que es a la vez el “servidor perfecto”, el prototipo del cristiano y que, uniendo divinidad y humanidad, hace a Dios “comprensible” a la humanidad[3].
  • Otro eje de su teología espiritual es la adoración. La adoración es vivida como la experiencia decisiva y respuesta humana al Dios que es la Palabra encarnada. Jesús es, al mismo tiempo, el que es adorado, el medio de adoración y el paradigma de cómo hay que adorar. Si Francisco de Sales había restablecido la devoción como algo vital para la espiritualidad cristiana; le quedaba a Bérulle restablecer la adoración como la experiencia radical del cristianismo. Adorar es tener una muy alta idea de aquello a lo que adoramos, y una voluntad rendida y afianzada ante la excelencia de lo divino. Esta alta estima de la mente, de la afectividad y el consentimiento de la voluntad completamente rendida a esa suprema dignidad, constituyen la adoración. En relación a la frase, Adorado y amado sea Jesús, “(…) el P. Querbes no la impone ni la comenta. Sin embargo, resume bien su “espiritualidad”. Para él adorar consiste en ser sensible a una presencia tal como lo hace notar en el comentario de los estatutos: Por el santo ejercicio de la presencia de Dios y por la contemplación asidua de la vida y de la muerte de J. C. el autor y consumador de nuestra fe, el clérigo de San Viator animará y vivificará la suya. Adorar es decir abandonarse a este gobierno del mundo y de los acontecimientos que ejerce la Providencia, Providencia de la que un creyente busca descifrar la acción, especialmente en los momentos difíciles y oscuros. Es además practicar las “virtudes ordinarias” a cuyo frente coloca la fe viva e ilustrada[4].

                Estas páginas, durante este año Querbesiano, quieren motivar el conocimiento del fundador y la búsqueda de sus rasgos centrales de su personalidad, espiritualidad y de su práctica pastoral. Tratamos de interpretar hoy, con su misma docilidad y apertura al Espíritu, el Evangelio de Jesucristo que desea ser Palabra encarnada en medio de nuestro pueblo: para liberar, consolar y sanar la deshumanización que sufren nuestros hermanos.



[1] R. Bonnafous, Louis Querbes, un fondateur contrarié, Tomo I,  313

[2] Ibid., 352-352.

[3] Ibid., 115.

[4] R. Bonnafous, Louis Querbes, un fondateur contrarié, Tomo II,  569.

 

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